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Una forma de saborear, tocar, ver y oler Extremadura es a través de las rutas gastronómicas que atraviesan su territorio.

La del jamón ibérico de bellota nos permite conocer su origen y proceso de elaboración, visitar fincas y secaderos, y disfrutar de las posibilidades culinarias de esta delicatessen que nace en la dehesa. Seguir la pista de los mejores jamones nos lleva a pueblos repletos de patrimonio e historia, como Hornachos, Montánchez, Fregenal de la Sierra, Jerez de los Caballeros, Monesterio, Azuaga y Llerena, entre otros.

La del vino Ribera del Guadiana pasa por localidades como Mérida, Almendralejo y Zafra, entre otras, y nos propone a lo largo del año visitas guiadas a bodegas, rutas en globo aerostático, catas y cursos, paseos en calesa, maridajes con productos locales e incluso tratamientos de vinoterapia en el balneario de El Raposo (Badajoz).

La ruta de los quesos extremeños, de reciente creación, nos acerca a unos productos íntimamente ligados a la idiosincrasia de esta tierra y nos lleva por pueblos, queserías, restaurantes, alojamientos y tiendas especializadas de lugares como Casar de Cáceres, La Serena y Los Ibores.